El libro blanco,
abierto diez años después. Evocaciones de
un testigo
José Antonio Fernández
Redactor final del Libro Blanco
de la Educación de Adultos, editado por el
MEC en 1986.
Actualmente es consultor autónomo.
Agradezco al equipo de Diálogos que me den la oportunidad
de hilvanar unos pensamientos y sentimientos al cumplirse
el décimo aniversario del Libro Blanco. Tenía
que ser Diálogos quien me hiciera volver la vista
atrás, pues mis redescubrimientos de la educación
están ligados a la fuerza del diálogo, o sea,
a la Asacudida frenética de la vitalidad cuando una
vida entra en presencia de otra vida(Ortega y Gasset). La
carga emotiva de la palabra diálogo en el seductor
portoñol de Paulo Freire en Chile, 1966, es mi particular
camino de Damasco educativo. El Libro Blanco que aparece
en 1986 es el fruto de muchos encuentros y diálogos
fecundos. Por ello, el título propuesto por sus autores,
el que quedó en páginas interiores, era: ALa
educación de adultos: un libro abierto.
1. Recuerdos de la pequeña intrahistoria
Hubo muchos diálogos y varios lugares de encuentro. Sin haberme parado a reflexionar desde entonces sobre aquel momento, al menos de cara al público, corro el riesgo de inventarme una historia al clasificar mis recuerdos según me vienen ahora mismo a la mente.
Los varios interlocutores y
debates
- En primer lugar, en 1983-84, el encuentro
de alguien que venía de los extramuros, inclusive
del sector entonces heterodoxo de la educación
de adultos, con un equipo ministerial empeñado
en reformas educativas en general, pero a los que el asunto
Aadultos les resultaba marginal (la EPA) o atractivo,
pero inasible, por no integrable en el Sistema educativo
(el resto de la educación de adultos). Que ellos
se avinieran a dialogar con quien ponía un énfasis
desmedido en un asunto tan nimio entonces para ellos,
es un reconocimiento que les debo ahora que ya no están
en el poder y algunos hasta ya no están. Aunque
con reticencias hasta el último minuto, el Libro
Blanco fue publicado por el Ministerio (con el nom bre
de los autores en páginas interiores) y sus ideas
básicas pasaron al Libro Blanco de la Reforma de
1989, aunque con un bajo grado de integración en
el discurso central y, finalmente, la LOGSE acogió
las principales ideas y articulaciones posibilitadoras,
aunque sean escasas las repercusiones prácticas
hasta ahora.
- El segundo encuentro fue entre el
puñado de advenedizos que no éramos funcionarios
(pero que parecían estar avalados por el nuevo
poder) y el sector que representaba la tradición
militante de la educación de adultos en los servicios
centrales del MEC, en las direcciones e inspecciones provinciales
(la ponencia de EPA) y en la red de centros, o sea, en
el entramado de la EPA. Pronto descubrimos unos y otros
que no se trataba de grupos compactos, que el diálogo,
aunque difícil, no era imposible.
- El tercer lugar de encuentro fue
la fascinante frontera entre Madrid y las entonces emergentes
Comunidades Autónomas: Andalucía, Canarias,
Cataluña, Galicia, País Vasco y Valencia.
El grupo de coordinación integrado por representantes
técnicos del MEC y de las seis CC. AA. fue mucho
más que un grupo de trabajo de los muchos que después
ha habido. Fue estimulante no sólo por el clima
de amistad y de respeto, sino por la sensación
colectiva (ese es mi recuerdo) de que no nos daba miedo
ponernos a descubrir de nuevo el Mediterráneo y
la Mar Océana, justo en el momento en que la postmodernidad
comenzaba a declarar antiguas no sólo las utopías,
sino cualquier forma de aproximación voluntariosa
a la realidad social. A más de 10 años de
distancia a mí me parece que aquel grupo fue una
de las fraguas de cuanto ha pasado y sigue pasando en
la educación de adultos en España. Allí
tomaron cuerpo consensuado las ideas que, alborotadas
en el documento de trabajo preparatorio, fueron alimentando
los debates en cada región y provincia. Ese fue
el punto de partida del acercamiento a la educación
de adultos por parte de algunos pioneros de varias universidades
que tanto juego siguen dando en la actualidad. Allí
fueron dibujándose los rasgos diferenciales de
cada Comunidad, los llamados pomposamente modelos. En
cada Comunidad fueron conformándose pequeños
(siempre pequeños) equipos de mujeres y de hombres
que, con los altibajos propios de la vida, han hecho fructificar
las nuevas ideas dentro de los marcos de posibilidad de
cada sitio, mucho más que de acuerdo al modelo
dictado por la identidad. Aquel grupo de coordinadores
técnicos fue la primera antena abierta al mundo
en cada Comunidad, lo que ha hecho posible que, gracias
a iniciativas catalanas, valencianas, andaluzas, vascas,
castellanas, etc. sigan desarrollándose mil formas
de diálogo y de cooperación entre las Comunidades
de España y otras regiones y países de Europa.
- Por último y envolviéndolo todo (al menos en mi particular vivencia y recuerdo), el reencuentro, nuestro reencuentro con/en Europa. Todavía estábamos fuera de la Comunidad Europea, pero con la comezón y la esperanza de que el día tan anhelado se acercaba. Lo cierto es que detrás de los primeros papeles y del propio Libro Blanco está la lectura de unas 10.000 páginas de libros, revistas y documentos del Consejo de Europa, de la OCDE, de la UNESCO, de las varias instituciones y asociaciones, sobre todo francesas. No me parece que se produjese (como ha sido frecuente después) la transcripción desmañada o papanatas de lo que se decía entonces por ahí fuera. Hubo un intento de relectura y de asimilación, que, sin embargo, no nos absuelve de la ingenua desmesura que compartimos con algunos españoles que en cada coyuntura de nuestra historia, generación tras generación, han mirado a Europa como la solución a todos nuestros males. El mirar hacia nuestros problemas con ojos ajenos (anglófilos, afrancesados, europeístas confesos, americanos no confesos) es un pecado en que sí incurrimos los redactores del Libro Blanco. Hay ideas importadas. Vinieron europeos. Fuimos a Estrasburgo y a Bruselas. Pero el intercambio de ideas no lo era todo. Aunque en segunda línea siempre estuvo presente el argumento de que con las nuevas ideas podía llegar, más prosaicamente, un importante flujo de ecus para las políticas formativas. Al menos eso descifrábamos en las primeras fotocopias del DOCE, cuyos lectores éramos por entonces tan escasos cuanto deslumbrados por una jerga espesa, pero que estimábamos preñada de sentido.
De entusiasmos y enfriamientos
Los varios lugares de encuentro no fueron estancos. Los interlocutores fueron intercambiándose, desplazándose, mezclándose: profesores veteranos reconvertidos, animadores de universidades populares desorientados, monitores de formación ocupacional interesados en la formación integral, concejales y profesores universitarios inventando distritos para el desarrollo local... Minorías es cierto, pero muy vivas. Se produjeron complicidades en todas las direcciones. Los contenidos de los varios diálogos se hibridaron. Los bandos y banderías subsistieron, porque el imaginario se resiste a abandonar las trincheras del pasado, pero ni los dialogantes, ni los innovadores, ni los resistentes al cambio, ni los recalcitrantes de toda laya estaban (ahora tampoco) sólo de un lado.
Los debates fueron a veces ásperos. Estoy seguro de que más de uno tuvo fundadas razones para acusarnos de sectarismo a los predicadores de la nueva educación de adultos (NEA versus EPA). Pero, a la luz del pasado reciente y del presente en materia de debate social en general, y educativo en particular, el diálogo en aquellos años fundacionales de la educación de adultos (1984-88) habría que considerarlo como un caso especial, por la amplitud, intensidad y veracidad que tuvo. De hecho casi en simultáneo con la publicación del Libro, el diálogo ya fructificó en experiencias voluntariosas e imaginativas en Murcia, Valencia, Cataluña. Si algunas sufrieron escollos insuperables y otras no lograron cuajar según las expectativas de nadie, es harina de otro costal.
La evolución política general y la ocupación de todo el espacio educativo por la reforma del sistema hicieron posible que el debate sobre la educación de adultos se enfriara, truncara y se burocratizara en los últimos años, al menos desde las instancias oficiales. Al ordenar el nuevo subsistema en el marco de la LOGSE, personas que no estuvieron en los primeros momentos se parapetaron en una nueva/s Vulgata/s, con ingredientes inclusive del Libro Blanco, que, tengo la impresión, ha esterilizado el diálogo y la experimentación en todas las direcciones menos en las que se estimaban políticamente correctas. Pero esa es otra historia, que no habiendo vivido, prefiero dejar que cuenten otros, sobre todo quienes, contra viento y marea, siguen pensando, dialogando y haciendo cosas nuevas. Como los que hacen y leen Diálogos.
A tantos nuevos/as en este campo les sonará a casi prehistórica esta evocación de historias de hace sólo una década, si no fuera porque a lo mejor algunos de los asuntos pendientes les siguen siendo familiares. Es tal vez la misma sensación de arcaísmo y de contemporaneidad que embarga a otros al leer al P.Feijóo, a Jovellanos, Giner de los Ríos o al P. Manjón.
2. Unas pretensiones desmesuradas
Imposible dar cuenta de todos los elementos en juego. El Libro Blanco pretendió poner todo en discusión, porque probablemente era inevitable hacerlo, aunque la realidad se encargase después de ir haciendo cada cosa a su tiempo. Pueden hacerse otras síntesis, pero, sin mirar ni siquiera el Libro, se me ocurre que, en clave de hoy, estas son algunas hipótesis subyacentes a todo el Libro y las consecuencias que lógicamente acarrearon.
Había que desmontar/integrar/renovar la estructura
de la educación permanente de adultos (EPA). No tenía
sentido un montaje cuya razón de ser era ofrecer,
a unos cuantos miles de ciudadanos, la mayoría jóvenes
fracasados escolares, unos conocimientos cuyo valor de uso
más destacado era obtener el graduado escolar, credencial
administrativamente necesaria para acceder a algunos puestos
de trabajo. Había que matar varios pájaros
de un tiro: recuperar el atraso histórico en materia
de instrucción, compensar deficiencias de instrucción
y educativas de los adultos jóvenes y preparar a
todos para los grandes desafíos del momento: democratización
de la sociedad civil, construcción de un nuevo tipo
de estado, integración europea, mejora de los niveles
de vida de una gran parte de la población...
Se aceptaba que era importante la vertiente laboral de la
educación. Tiene sentido una educación o formación
que enseñe los contenidos y los métodos necesarios
para los viejos puestos de trabajo y para los nuevos entornos
y situaciones laborales. Pero se ponía en cuestión,
en la parte medular del libro, la doctrina de la entonces
renaciente formación ocupacional, como panacea de
las políticas activas de empleo. Las razones de la
crítica se adivinaban en el propio título
del capítulo pertinente: )Formación para el
mercado de trabajo o educación para el desarrollo
personal y social?.
Se preconizaba con fuerza y con razones la necesidad de
una formación integral, explicitándose formas
organizativas y métodos posibilitadores. Hasta se
formularon propuestas de estructuras integradas a partir
de lo entonces existente y de lo que estaba por venir en
materia de consejos y comisiones a todos los niveles.
Se esbozaron los mapas locales en que podía tomar
cuerpo la utopía de la formación integrada.
Los mapas integraban las fronteras creadas por las jergas
administrativas más rancias y por la neolengua supuestamente
originada en Bruselas: la ocupacional, la reglada y la no
reglada, la continua y la permanente, escuelas campesinas
y universidades populares, cursos a distancia y presenciales,
un instituto y una academia, lo público y lo privado....
Todo podía /debía confluir en la oferta destinada
a posibilitar la formación integral, la educación
de las personas adultas (el feliz término fue acuñado
en diálogo fecundo en el MEC, haciendo un guiño
claro a la perspectiva género, como se diría
ahora, al tiempo que se conservaba la vieja sigla).
Un cambio radical en la manera de reconocer y certificar
lo aprendido. Quienes se desconcertaban por nuestras críticas
a la titulitis deberían haber visto colmadas su pretensiones.
El Libro propugnaba el reconocimiento de lo que se sabe,
al margen de cómo se ha aprendido. Pero esa es otra
asignatura pendiente. Por cierto pioneros de la educación
de adultos organizan en los primeros días de diciembre
un encuentro sobre el asunto.
Pero, por debajo de todo lo demás, latía una
ambición desmedida: la transformación del
sistema educativo entero en la perspectiva y bajo el principio
inspirador de la educación permanente. Y todavía
más, la cosa no se terminaba en la educación,
pues al poner al país en estado de educación,
se pretendía incidir en el modelo global de desarrollo
y de cambio del país. )Recuerda alguien las alusiones
directas y críticas que hacía el Libro Blanco
a su homónimo sobre la reconversión industrial
del ministerio de industria dirigido por Solchaga en 1984?
Es cierto que el preámbulo de la LOGSE conservó
esta declaración, que queda siempre bien en un preámbulo.
Pero no creo que, desde su promulgación, nadie haya
esgrimido con finalidad alguna tal declaración, que
ya estaba en la Ley Villar-Palasí. En el Libro Blanco
nos tomamos completa e ingenuamente en serio esta idea.
Y, con la prudencia que la cosa aconsejaba, se insinuaron
pistas para hacerlo realidad.
Era demasiado, era un exceso de ambición para estos
tiempos, cuando ya empezaba a parecer antigua la pretensión
de trascender el territorio más inmediato, aún
cuando ya se hablaba, aunque menos, de globalización.
Cuando la fragmentación del pensamiento y el bricolage
de la acción comenzaban a sonar como música
celestial. Era todavía más excesivo, porque
se tenía la osadía de soñar no desde
los barrios acomodados del sistema social y/o educativo,
sino desde el sector pobre y marginal. Es como si ahora,
desde un aula de informática de usuario que utiliza
un ordenador obsoleto, se quisieran dar lecciones a Bill
Gates... Así debieron sonar a algunos sectores académicos
las proclamas tan poco académicas del Libro Blanco,
aunque nadie osara tildarlas de estúpidas (que yo
sepa). Tidalrlas de utópicas suele ser suficiente
en estos tiempos. Y eran utópicas. Por eso creemos
que siguen siendo interesantes. Tan interesantes que el
Informe Delors, La educación, un tesoro escondido,
recientemente presentado en la Semana Santillana, tiene
como ejes ideas muy parecidas. Confiemos por el bien de
todos que la calidad y densidad de lo que se dice, unidas
al prestigio de la UNESCO y de Delors, consigan resultados
más esperanzadores.
3. Reacciones y secuelas : diez años después
Es evidente que quisimos abordar simultáneamente problemas con raíces diversas y hacer debates con interlocutores e intereses distintos. Y, para decirlo en la vieja jerga política, nos echamos encima demasiados adversarios, sin contar con suficientes amigos y aliados. El peor adversario fue la indiferencia o el tono menor con que el Libro fue presentado y asumido por los poderes públicos. Dada la homogeneidad política de la época, es claro que el mejor desprecio fue no hacer aprecio.
La inspiración y los criterios básicos del
Libro Blanco no fueron los ejes de la reforma general del
sistema educativo
- Las motivaciones de las reformas
impulsadas por el Partido Socialista desde el Gobierno
venían de lejos. De la tradición ya secular,
la cultura partidaria había ido seleccionando algunas
ideas y temas que sirvieron de inspiración a la
LODE y a la LOGSE, entre las que no estaba la idea del
continuum espacio-temporal en la educación, tan
cara a algunos institucionalistas.
- Por razones anecdóticas tal
vez, lo cierto es que uno de los desencadenantes del proceso
de reforma general (no prevista tras las dificultades
de la LODE) fue la movida interna que se produjo en torno
a las ideas del Libro Blanco. Aunque otros dirían
que fue un factor distorsionante, porque no se sabía
bien qué hacer con todo aquel batiburrillo doctrinario
y porque las ideas raras de la gente de adultos enturbiaron
algo las aguas del debate entre bastidores (círculos
interministeriales y algunos interlocutores sociales)
en torno a la configuración del primer plan de
formación e inserción profesional (PFIP).
- Pero la reforma siguió otros
derroteros. Se aceptaron sin censura alguna los textos
pertinentes que aparecieron en el Libro Blanco de la Reforma.
La LOGSE asumió no sólo algunos principios,
sino también criterios organizativos importantes
en la línea de la educación permanente y,
por consiguiente, facilitadores de la educación
de las personas adultas. Pero los ejes de la reforma,
sobre todo, la lectura política y social de la
reforma fue la sabida: prolongación a los 16 años,
la reformulación de la secundaria y de la formación
profesional y, con más ruido académico que
nueces en las aulas, la nueva filosofía curricular.
- El otro hilo conductor (subrepticio)
de la LOGSE. Aunque convencido de que la única
lectura que, para bien y para mal, tendrá efectos
prácticos será la otra, la reforma vulgata,
creo que hay otra posible: las ideas sobre las modalidades
no académicas de acceso y la flexibilización
del asunto edad, así como la relectura de la formación
profesional como complemento de la educación general
(obsesión de Ricardo Díez Hochtleitner en
relación a la anterior reforma), la concepción
de los Acentros específicos (para adultos y para
formación profesional) y las disposiciones relativas
a la certificación, entre otros temas, podrían
dar mucho más juego. En un documento escrito para
el CEDEFOP (El redescubrimiento de la Educación
Permanente en 1995 le dedico unas cuantas páginas
al intento de sacar de la clandestinidad las claves de
la LOGSE que se salen de la línea políticamente
correcta o vulgata, o sea, la perspectiva de la educación
permanente.
- A fin de cuentas, el Libro Blanco no logró seducir a los nuevos reformadores, pero perturbó la vida a los veteranos de la EPA, que eran un sector minoritario, con sensación histórica de marginación y que estaban fuera de las movidas ministeriales: compensatorias, centros de profesores, centros de recursos, etc. Los partidarios de las ideas del Libro Blanco de Adultos eran o convencidos de siempre o conversos de varias procedencias, incluidos los varios tramos y sectores del sistema educativo formal. Por su heterogeneidad tal vez, lo cierto es que no se logró conformar un grupo de opinión organizada.
Las ideas del Libro Blanco no lograron calar en el otro
frente, el de la formación ocupacional
- El enfoque dado al asunto en el LB
era ambivalente en aquel momento, en que chocaba inclusive
la terminología utilizada. Se destacaba con energía
la vertiente laboral de la educación a la par que
las otras vertientes. Pero las ideas del Libro Blanco
estaban en las antípodas de la doctrina rutinaria
de la formación no-reglada y de la ocupacional.
Sin embargo, algunas jergas comunes indujeron a la confusión
sobre todo a algunos veteranos de la educación
de adultos.
- Las ideas del Libro Blanco pusieron
en guardia a las administraciones laborales, y, en menor
medida, a las patronales y a los sindicatos, que eran
los guardianes naturales de la ocupacional y, por lo mismo,
destinatarios de los recursos que ya entonces se adivinaban
cuantiosos. Terminó imponiéndose como pensamiento
único una interpretación precaria y acelerada
de los enfoques y directrices prácticas de la Comunidad
Europea metiendo todo en la horma del esquema administrativo
hispano: la formación continua era nuestra ocupacional
o nuestra no-reglada Años más tarde la línea
divisoria se desplazó según las conveniencias
organizativas y políticas del llamado Acuerdo de
formación continua Construcción teórica
precaria, pero muy eficaz lectura del marco europeo, que,
aunque chocaba de frente con ideas como la del sistema
integrado de formación profesional, logró
con el PFIP tener al propio MEC y a varias consejerías
de educación como centros colaboradores del INEM
al lado de otros 6.000 (ayuntamientos, academias, empresas,
sindicatos, etc.). La batalla se perdió de entrada
en el frente donde estaban los recursos que hubiesen podido
alimentar las nuevas experiencias inspiradas en el Libro
Blanco.
- Las ideas del LB sobre este asunto
desconcertaron un poco a cuantos podrían haber
sido sus aliados.
- Para el núcleo duro de los reformistas educativos
el asunto de la formación profesional, eufemismos
aparte, no acabó nunca de encajar bien en el
mecano de la reforma constructivista. Por ello, el
enfoque competencias y la idea del subsistema integrado
de formación no llegaron a formar parte del
hueso duro de la reforma. Por ello, la insistencia
del LB en la superación de las fronteras administrativas
en las políticas formativas se reducía
con frecuencia a la pregunta sobre cómo se
podrían aprovechar A los fondos estructurales
de Bruselas para financiar la reforma.
- Muchos pedagogos clásicos y los humanistas
en general podrían haber tenido dudas o temores
ante la aparición de un sistema educativo bis,
vinculado no al conocimiento y al saber, sino a la
promesa o al espejismo del empleo en escasez rampante.
Entre los pocos que prestaban atención a la
importancia del fenómeno del mercado (cautivo)
de la formación no hubo capacidad de respuesta
teórica, en muchos casos por el temor a quedarse
sin subsidios prácticos
- Los veteranos de la educación de adultos miraban con escepticismo cuando se les decía que no perdiesen el tiempo pidiendo al MEC aumentos de presupuesto para la educación de adultos, porque los presupuestos estaban creciendo e iban a crecer exponencialmente en otro sitio: en el Ministerio del Trabajo, en el INEM y los correspondientes órganos en las CC.AA. y en los Ayuntamientos.
- Para el núcleo duro de los reformistas educativos
el asunto de la formación profesional, eufemismos
aparte, no acabó nunca de encajar bien en el
mecano de la reforma constructivista. Por ello, el
enfoque competencias y la idea del subsistema integrado
de formación no llegaron a formar parte del
hueso duro de la reforma. Por ello, la insistencia
del LB en la superación de las fronteras administrativas
en las políticas formativas se reducía
con frecuencia a la pregunta sobre cómo se
podrían aprovechar A los fondos estructurales
de Bruselas para financiar la reforma.
3. La derrota tal vez más
lamentable fue la incapacidad para hacer entrar en
el debate social español ninguna de las ideas atisbadas
en el LB sobre el empleo-formación-mutación
social global. Sigue impertérrito el discurso trasnochado
sobre el empleo y la formación. La idea que la mayoría
tenía y tiene de la formación profesional
u ocupacional está alienada de la realidad del contenido
de los trabajos y de la organización real del trabajo
en el mundo y en cada empresa. Mientras tanto, prosigue
implacable el terremoto mundial que afecta a los modos,
a los lugares y a la organización de la producción
y del trabajo. Tiene éxito un libro cuyo título
es El fin del empleo. Muchos de los jóvenes parados
de ayer son adultos definitivamente precarizados una década
después. Sigue alimentándose la vana ilusión
de que entre el crecimiento del PIB y los cursos del INEM
mejorará la situación del empleo, aunque cada
día es más evidente que no será así,
porque el mercado del trabajo y el mercado a secas no son
cosa de un país, sino global Cada día hay
menos gente creyente en las recetas que se repiten, sin
idea nueva alguna, desde hace 10 años, desde Bruselas
y desde Madrid. Los cursos y cursillos (incluidos algunos
masters solemnes) son sucedáneos del empleo-que-no-hay
más que preparatorios para un empleo que exigiría
más preparación. Se siguen haciendo cursos
para tener más diplomas, más credenciales
que abran puertas de entrada a un empleo, sin demasiada
preocupación ni conocimiento de lo que pasa dentro,
es decir, de la substancia de los procesos de trabajo, de
lo que hay que hacer y de lo que podría hacerse mejor
o de otra manera. En otras palabras, casi no se habla de
lo que todavía tiene algún sentido: no tanto
más preparación cuanto otra preparación,
con otro enfoque y otro estilo. En tal contexto, tendrían
vigencia aquellas ideas del LB sobre preparar a la gente
para convivir/luchar con la incertidumbre, que tanto desasosiego
produjeron en algunos lectores del LB.
Una despedida esperanzada : Eppur si muove!
Las consideraciones anteriores podrían ser menos cáusticas y ciertamente más matizadas. Mas he elegido el enfoque y el tono que me ha parecido podría estimular reflexiones más juiciosas en otros ámbitos, en el académico y, sobre todo, en el de la práctica educativa de tantas mujeres y hombres como intentan enseñar y aprender. A pesar del reconocimiento de una derrota en la línea gruesa oficial, pienso que el Libro Blanco algo tiene que ver con la enorme cantidad de cosas que han pasado y siguen pasando en el importante sector social que se autoconsidera educación de adultos. Mis lectores lo conocen mucho mejor que yo. Deseo subrayar que eso, y no los avatares de lo que pudo haber sido y no fue, es lo que importa. Pero, aunque secundario, a mi me tocaba reflexionar sobre aquello, aunque mirando de soslayo hacia lo que es verdaderamente importante.
El Libro fue el incitador, pero también el portavoz de una movida social, que, como es natural, no ha hecho sino crecer y romper los moldes iniciales. En tal sentido ha cumplido y cumple una doble importante misión social, aunque ya nadie más vuelva a mirarlo. Es evidente que, si no la puerta principal, el Libro (el entorno y el clima de debate que lo precedió y lo acompañó un tiempo) fue una ventana abierta por la que entraron aire fresco e ideas en la educación de adultos en España. Aun cuando sus autores no sean conscientes de ello, muchos de los artículos y libros que se han escrito en España en la última década eran impensables antes. Ese es un cambio fundamental, pues esas ideas van impregnando poco a poco el tejido cultural y social. Las reformas se decretan o promulgan en el BOE. Los cambios acaecen en la realidad social y son más profundos y duraderos, aunque menos estruendosos, que las reformas que se repiten incansables cada veinte años con aspavientos parecidos. Se me antoja que el esfuerzo de reflexión y diálogo que hicimos en torno al Libro Blanco de 1986 dio un primer impulso (lleno de lagunas, insuficiencias científicas y carencias prácticas) que está resultando benéfico para el cambio educativo todavía hoy. La idea de la formación integral sigue siendo una entelequia a nivel oficial, pero ésta y otras revistas y libros están tratando con profusión y calidad todos y cada uno de sus componentes. Invito a los redactores y lectores de Diálogos a repasar los índices de los 7 números publicados y cotejarlos con las finalidades de una nueva educación de adultos (pp. 94ss. del LB), que guardan aún su frescura ingenua a la par que encuentran su traducción muy mejorada, expresada en experiencias y reflexiones, en esta misma revista.
La esperanza se basa, por consiguiente, en el capital-semilla representado por miles de educadores, animadores, profesores universitarios y personas adultas que quieren seguir aprendiendo para vivir y convivir mejor en este momento convulso y fascinante. Grisáceo el LB, siguen abiertas y vivas muchas de las ideas de las que fue portador o promotor.
Estos son los recuerdos y consejas
de quien, activo ahora en otros campos próximos (la
educación y la cultura en los procesos de integración,
sobre todo en América Latina), está alejado
del mundillo de la educación de adultos.
